¿Vieron cuando tu marido llega a tu casa con la cara larga hasta el piso? Si bien no le pasa muy seguido, me pongo loca cuando lo veo así o cuando la ira hace su aparición y contesta una barbaridad fuera de lugar.
Un día estaba de pésimo humor porque había tenido un mal día en el trabajo y me tiró una frase horrible en la mesa y delante de los chicos. Yo creí que lo iba a comer crudo. No sé por qué, me salió decir una pavada y todos estallaron en carcajadas. Claro, al pobre no le quedó otra que aflojar, al darse cuenta del enojo ridículo que tenía.
Y así decidí que iba a ponerme las pilas y tratar de reaccionar con algún chiste o sonrisa cuando la cosa se pusiera tirante con algún otro miembro del club.
¿Tenés alguna anécdota divertida sobre el tema? La verdad es que está bueno tener ases en la manga para lograr convertir una situación difícil en un momento agradable para pasar en familia.
Hay matrimonios que hacen cualquier cosa por no pelearse; mientras otros pelean por cualquier cosa. En ocasiones, nos preguntamos: ¿vale la pena discutir o lo dejo pasar, como siempre? ¿Cómo me afecta este problema que descubrí en nuestra relación? Si lo descubrí, ¿lo enfrento solo o lo comparto? Es más difícil cuando sabemos que puede provocar una (otra) pelea. Puede ser que nos afecte tanto que nos congela o nos pone muy nerviosos como para dialogarlo.
Es inevitable que existan peleas con quienes más queremos, aunque en toda pelea (a solas, por favor) corramos algunos riesgos. Alguien puede salir lastimado. Puede haber resentimientos, ganas de vengarnos. A veces, incluso, sentimos que armamos conflictos donde antes había paz.
¿Qué pasa después? Una posible “ventaja” de habernos peleado es que nos sitúa en un camino para disculparnos mutuamente. Si aprendemos ciertas habilidades para que nuestras peleas sean sanas, después podremos reconciliarnos de verdad, sin rencores que nos amargan la vida.
Podemos dar un valor a las peleas, como reconocimiento mutuo de las diferencias y por respeto al amor que nos unió.
Mariuqui Magrane
Asesora familiar