La persona que se queja todo el tiempo termina cansando al que tiene al lado. Es saludable desahogarse, pero es importante hacerlo maduramente, con la persona adecuada y en el momento oportuno.
Los quejosos suelen ser personas inmaduras, prueba de ello es que son los chicos los que más se quejan, aunque ellos tienen la ventaja de que se les pasa enseguida.
- La queja en el matrimonio
Es difícil convivir con alguien que está permanentemente quejándose. Si bien a todos nos suceden cosas y -hasta un punto- la queja puede ser legítima, la forma de encauzarla será lo que, en definitiva, predisponga mal o bien a nuestro oyente.
“Es muy saludable desahogarse, pero con la persona indicada y en el momento oportuno”.
Muchas veces, el quejoso tiende a casarse con una persona que lo complementa: aquel que cree que complaciendo a los demás logrará ser aceptado, valorado y amado, y así se arma un círculo vicioso: me quejo -te hacés cargo de lo que no te corresponde, y viceversa… sin embargo, de esta forma ninguno de los dos puede comenzar a trabajar en su propia maduración.
Por otro lado, tenemos a aquellos que, ante la queja constante y monótona de su cónyuge, optan por desconectarse emocionalmente como forma de protegerse y de evitar ser controlado por las quejas del otro. Obviamente, el desconecte de uno hace que el otro proteste aún más y le reproche a su cónyuge que no le importa nada de él. Y así aparece el otro círculo vicioso: queja-silencio- más queja- más silencio. Conclusión: cada vez se produce una mayor desconexión afectiva.
Es que la queja es como una gotera que se filtra y, de a poco, va agrietando el ambiente, amargando todo. Y, encima, es contagiosa.
La queja es un hábito que tenemos que luchar por desterrar ya que genera más rechazos que satisfacciones: definitivamente no nos conviene y no es sana para la vida familiar.
Tomemos conciencia de nuestros reclamos; hagámonos responsables de las cosas que nos pasan, o sea, maduremos. Pidamos lo que necesitamos de buena manera, teniendo en cuenta que existe la posibilidad de que el otro, legítimamente, nos diga que “no” (lo cual no significa una falta de amor hacia nosotros). También sería recomendable pedir a los más cercanos que nos avisen cuando nos estamos quejando ya que, muchas veces, ni nos damos cuenta.
Les cuesta más separarse y ya empiezan a pensar en el casamiento. Sienten que algo falta, que necesitan un esqueleto duradero, un armazón que los ayude a sostener y acrecentar el amor que se tienen: necesitan un proyecto.
¿Con qué sueñan? Unos imaginan un amor perfecto al estilo Hollywood, en el que luego de dramáticos desencuentros y románticas reconciliaciones, la pareja logra finalmente unirse para siempre en una ceremonia rodeada de las caras sonrientes de familiares y amigos.
Otros, también muy enamorados, quisieran tener un amor eterno, pero sienten un temor visceral a comprometerse y que luego les suceda como le pasó a Fulano o como leen en las revistas: “Se acabó el amor”.
No puedo imaginarme en qué lugar dentro de este abanico de opciones estarán ustedes, pero les puedo asegurar que, si bien hay factores incontrolables, hay otros que sí podemos manejar para que nuestra vida matrimonial no comience al azar. Hay caminos para que sea una decisión programada por ustedes, en la que sepan bien qué es lo que quieren y por qué.
¿Les pasó algo parecido en algún momento? ¿Cómo tomaron la decisión de casarse?
Una relación puede gastarse, alguien de la clase puede parecernos, de golpe, demasiado atractivo: toda la mística que envolvía a nuestro novio o novia se evapora. En un tiempo posmoderno y vertiginoso, ¿tiene sentido ser fiel?
La semana pasada estuve charlando con un grupo de chicas y chicos sobre el tema de la fidelidad. “Creo que todos son fieles cuando se ponen de novios, pero luego es más complicado”. “No soporto la infidelidad, pero veo que es muy difícil que te sean fieles”. “Mi novia veía a otros, por eso corté”. Esos fueron algunos de los comentarios que recogí.
Si bien todos estaban convencidos de que la fidelidad es un valor fundamental, opinaron que, últimamente, pareciera que no ser fiel se ha puesto algo de moda. Comentan que, al principio de una relación, a nadie se le ocurre ser infiel, pero cuando se acaba la novedad…
Les conté que, en determinado momento, aparece en las relaciones una rutina sana que nos ordena y nos permite construir un vínculo más profundo. No vamos por la vida saltando apasionadamente todo el tiempo. Si así fuera, la relación no podría avanzar, ya que la pasión incesante nos enceguece y nos impide conocer al otro como verdaderamente es.
Algunos de los chicos con los que hablé dudaban de que pudieran ser fieles en determinados casos. Lógicamente, si estás de novio y vas a un boliche solo con tus amigos, tomás exageradamente y las chicas revolotean a tu alrededor, estás exponiéndote a una situación, quizás no buscada, pero que pone en riesgo la fidelidad hacia tu novia que tanto querés. Lo mismo les sucede a las mujeres.
Es que ser fiel no es sólo una palabra sino una decisión que tenés que tomar de día y con la mente en frío. Luego, la vas materializando a través de otras pequeñas decisiones que tomás en cada instante. Por un lado, conviene que no te expongas a situaciones que, quizás, no puedas manejar y, por el otro, tenés que aprender a verla venir y darte cuenta cuándo un lugar o una persona determinada te podrían descolocar. En estos casos, es muy útil saber decir que No.
¿Ustedes cómo viven la fidelidad? ¿Les cuesta ser fieles a sus parejas en un mundo como hoy?
Estás muy enamorada pero, a veces, te asusta pensar el casamiento. ¿Cambiará mucho todo? ¿A qué cosas tengo que renunciar? ¿Me adaptaré? ¿Y si me arrepiento? Creo que todos los que nos casamos, en algún momento nos hemos hecho estas preguntas, sobretodo si creemos que el matrimonio es algo importante.
Cada persona es única, cada pareja es un mundo y cada uno llegará al altar o al registro civil con sus vivencias
personales e intransferibles. A aquellos que son más simples y flexibles, seguramente les costará menos que a los malcriados y pesimistas, pero se puede. Todo es cuestión de disfrutar los momentos lindos y reservar un poco de paciencia para cuando las cosas no salen como esperamos.
1- ¿Te conocés bastante? SI NO Más o menos
2- ¿Conocés bien a tu pareja? SI NO Más o menos
3- ¿Estás seguro/a de lo que sentís por él/ella? SI NO Más o menos
4- ¿Armaron un proyecto de familia, bien pensado con la cabeza y el corazón? SI NO
5- ¿Decidieron ser fieles a ese proyecto que crearon? SI NO
Si pudiste contestar esto con mayoría de Sí , les aseguro que no habrá viento que se los tire abajo por más propaganda en contra que podamos encontrar en todas partes.
Así que chicos, a ponerse las pilas que vale la pena!
¡Qué bien que hace tener lindos recuerdos!
Se me cae un lagrimón cuando veo mis fotos andando en bici con papá a los 3 años, o en la casa de mi tía Julita adonde iba a pasar casi todos los eneros! Y ni les cuento cuanto me topo con las de mis amigas (lindas y jóvenes, mhhmm) nos divertíamos tanto! O las mías con mi novio (o sea, marido) en la luna de miel. Me acuerdo de TODO tal como fue en AQUEL momento y me encanta hacerlo!¿A vos no te pasa lo mismo?
Los recuerdos son imborrables y los vamos juntando de a poquito, casi sin darnos cuenta: programas, fotos, videos, situaciones, papelitos, veraneos, en fin… infinitos granitos de arena que van formando la relación; son como fotos en el tiempo.
Estos lindos recuerdos son como las vitaminas para las épocas difíciles: lo bueno vivido, muchas veces, ayuda a sanar cuando las cosas no andan demasiado bien. Es posible recolectar malos recuerdos; pero la idea es que la canasta con los Buenos esté más llena que la otra.
Si tenés 2 minutos, contamos un poco qué recuerdos estás juntando y danos algunas ideas para que podamos hacer lo mismo!
Tenemos tanta información disponible que, con sólo apretar un botón, encargamos la camiseta y los gorros de Argentina, la comida para mañana y el microondas en cuotas.
Tenemos todo bajo control … eso creemos.
El tema se complica cuando, acostumbrados a los teclados, a veces nos manejamos con las personas como con los productos. Y , en los vínculos:
el botón de Enter no siempre funciona o prefiere estar roto;
lo que ordenamos quizás no coincide con lo que logramos;
apretar Delete nos puede salir muy caro porque lo que yo creí que la pantalla borró, el corazón del otro quizás lo Guardó.
En fin. Es maravilloso tener tantas facilidades y poder manejar muchos temas desde el escritorio de la oficina pero ojo…con pretender controlar también a las personas! “Es que a veces, llego a casa y mi mujer me mira con cara de: A este, ¿qúe le pasa?”
Planteate si por momentos, no te tendrías que bajar del caballo (o apagar la notebook) cuando estás frente al otro, dejar la mente tecnológica a un lado por un ratito, concentrarte en vos mismo y en ese milagro que es el ser que tenés en frente.
Y ahí sí se pueden producir los verdaderos encuentros. O los verdaderos desencuentros. O aquellos desencuentros que terminan siendo involvidables encuentros!