Nace una familia. Fiesta. Luna de miel. Hoy se percibe una tendencia que puede ser tan linda como destructiva: como en lo de los viejos, me lavan la ropa los viejos, vivo en lo de los viejos, pero duermo en casa. ¿Podemos nutrirnos de los padres sin que peligre nuestro matrimonio?
Mi amiga Silvana, en cambio, vivió una historia diferente. Vivía bastante cerca de la casa de sus padres y pasaba más tiempo en lo de ellos que en su nuevo hogar. Salía del trabajo después del mediodía, almorzaba en su cocina paterna y se quedaba hasta última hora refugiada allí. Al principio, era el arreglo perfecto: le planchaban la ropa, le preparaban comida para que llevase a su casa, no tenía que lavar platos y la madre, a veces, hasta le pagaba el supermercado con su tarjeta de crédito. No dejaba de ir ni un solo día. A menudo, el marido protestaba cuando el tráfico del centro lo agobiaba y sabía que, todavía, le faltaba una parada más en el camino: tenía que buscar a su mujer por lo de los suegros. Siempre. Igualmente, esto se compensaba porque se quedaban ambos a cenar casi todas las noches.
La atención se completaba con regalos o viajes. Y, con el tiempo, comenzó a resultarles complicado negarse a algunos de esos gestos que ya estaban siendo algo pegajosos. Claramente, estaban pagando un precio: el de la dependencia. A lo largo de los años, la madre terminó manipulando la situación y mi amiga aún no puede despegarse de su mirada, de sus opiniones, de sus mandatos medio disimulados en consejos ingenuos.
Cabe aclarar que estos padres, probablemente, actuaron siempre de buena fe; no eran plenamente concientes de que ese deseo por tenerlos cerca estaba causando un daño silencioso.
¿Ustedes qué opinan? ¿Les pasó algo parecido alguna vez?
Marina y Carlos tienen tres hijos de 4, 3 y casi un año.
Su casa es un verdadero lío con tantas mamaderas, pañales y juguetes dando vueltas por todos lados. Si bien ambos trabajan, Marina se organiza para estar temprano en su casa y Carlos es de los padres que los lleva a la plaza, al colegio, cambia pañales, hace mamaderas sin problema.
Estos últimos años no fueron fáciles porque tuvieron muchos problemas de trabajo, la crisis del país, suegros en problemas, etc. Sin embargo siempre se los ve felices, aunque estén cansados o superados con tantas cosas para atender a la vez. Tienen un proyecto común muy claro: su familia.
Para lograrlo, creen que deben poner todas las pilas para tratar de quererse mucho y no perder sus espacios de intimidad (aunque a veces se ponga brava la situación) y de ser buenos padres.
La verdad, veo que los chicos van creciendo sanos y a ellos se los ve muy bien juntos. Esto no es mágico ni gratis: les cuesta un montón sobreponerse a los lógicos egoísmos de cada uno, a las diferentes formas de ver la realidad porque saben que vale la pena bancarse mutuamente, escucharse, hacer acuerdos, compensar los “gaps” y tenerse paciencia. Están convencidos que vale la pena invertir muchas energías en este proyecto.
¿Y ustedes, creen que vale la pena? ¿Qué hacen para lograrlo?
Suku Arrieta
www.hacerfamilia.com.ar
Juan y María trabajan todo el día.
Dejan a Nico (2 años) en la guardería y cuando llegan a la noche están cansados pero, con ganas de estar con él. Muchas veces se pelean porque el chico demanda y demanda y ellos no “pueden” decirle que no.
Conclusión: Nico se va a dormir demasiado tarde, descansa poco y al día siguiente está más excitado. Los padres ya no pueden más porque necesitan un poco de paz y no saben como manejar la situación: por un lado, les parte el corazón dejarlo durante el día y se sienten en la obligación de darle todo lo que pide. Por el otro, se dan cuenta de que Nico se está convirtiendo es una especie de tirano.
Son adultos y se están dejando llevar por los caprichos de un niño (que está en la edad para tener caprichos). ¿Quién debe manejar la situación y cortar el círculo vicioso? ¿El niño o el adulto? Nico necesita mucho cariño pero también límites firmes para ir armando su personalidad, y sus padres necesitan un espacio en común para seguir alimentando la relación.
¿Te pasó algo parecido? ¿Qué les aconsejarías?
Suku Arrieta
www.hacerfamilia.com.ar